En los primeros versos de este poema, J. R. Jiménez habla de su primera etapa poética, caracterizada por una "Poesía Pura", inocente, sincera, cercana al intimismo de Bécquer.
En los primeros versos de este poema, J. R. Jiménez habla de su primera etapa poética, caracterizada por una "Poesía Pura", inocente, sincera, cercana al intimismo de Bécquer.
Este poema, Juan Ramón Jiménez reflexiona sobre su evolución poética empleando como recurso (como ya había hecho Bécquer) la personificación de la poesía misma.
"Los ropajes" a los que se refiere el poeta son los adornos típicamente modernistas que fue incorporando a sus composiciones. La influencia modernista caracteriza la producción de su segunda etapa, en la que predominan la musicalidad y los elementos sensoriales (tal y como se pone de manifiesto en "platero yo").
Uno de los rasgos carcaterísticos de la poesía modernista es, precisamente, la búsqueda de una forma bella y refinada, afán con el que coincide Jiménez; sin embargo, pronto el poeta se aleja del abuso de elemntos ornamentales ("una reina fastuosa de tesoros"), que puede desembocar en la superficialidad ("sin sentido").
Consciente de su proceso creativo, el autor vuelve a acercarse a una poesía pura, auténtica, sin artificios; aunque se trata de una poesía más madura, más reflexiva que la de la primera etapa.
En los útimos versos Jiménez declara su amor por la poesía; en efecto, para él la poesía era su manera de vivir y de entender el mundo. "Conocimiento, belleza eternidad".

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